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La historia detrás del «pelo malo»- PARTE II


Libertad, elección y soberanía estética

¡Hola, rizadxs!

En la primera parte de esta conversación hablamos de dónde vienen algunos de los prejuicios que han marcado nuestra relación con nuestros cabellos afro/rizados y de cómo esas ideas todavía pueden influir en la manera en que nos miramos.

Hoy queremos dar un paso más: hablar de libertad. De la posibilidad de elegir cómo llevar nuestro cabello sin sentir que tenemos que justificarnos ante nadie.

Llevar el cabello natural también es una elección

En Lo Llevamos Rizo hablamos de libertad porque creemos que todas merecemos decidir cómo queremos llevar nuestro cabello.

Y queremos detenernos en esto porque, cuando hablamos de recuperar nuestras raíces, a veces parece que existiera una única manera correcta de hacerlo.

Como si llevar el cabello natural fuera obligatorio. Como si alisarse significara renunciar a nuestra identidad. Como si tuviéramos que demostrar algo a través de nuestro peinado. Pero no se trata de eso. Para nosotras, recuperar la relación con nuestro cabello significa recuperar también la capacidad de elegir.

Elegir llevar un afro grande porque nos encanta cómo se ve. Llevar los rizos definidos cuando querramos, hacernos trenzas, turbantes o recogidos. Experimentar con diferentes estilos, cambiar de opinión o alisarnos si un día nos apetece.

La clave está en preguntarnos desde dónde nace esa decisión.

¿Lo hago porque me gusta? ¿Porque disfruto ese estilo? ¿Porque quiero experimentar algo diferente? ¿O porque siento que mi textura natural no será aceptada?

No siempre tendremos respuestas claras, y tampoco tenemos que convertir cada decisión estética en un examen personal. Pero hacernos estas preguntas puede ayudarnos a reconocer cuándo estamos eligiendo por gusto y cuándo estamos respondiendo a una presión externa que hemos normalizado.

Porque una cosa es elegir un peinado y otra sentir que no tenemos alternativa.

Tu cabello no tiene que convertirse en una declaración política todos los días para que tu identidad sea válida.

Tampoco tienes que justificar por qué lo llevas de una manera u otra. Tu pelo es tuyo. Y la decisión también debería serlo.

¿Qué significa para Lo Llevamos Rizo la soberanía estética?

En Lo Llevamos Rizo nacimos con el deseo de cuestionar los cánones de belleza que nos enseñaron a mirar nuestro cabello como un problema y de crear espacios donde pudiéramos conocer, cuidar, aceptar y celebrar nuestras texturas rizadas.

Para nosotras, hablar de cabello natural es hablar de algo que va más allá de productos, técnicas de definición o rutinas capilares. Es hablar de la posibilidad de reconocernos en el espejo sin sentir que necesitamos parecernos a otra persona.

A eso nos referimos cuando hablamos de soberanía estética: al derecho de decidir sobre nuestra propia imagen sin que el racismo, los prejuicios o las expectativas ajenas tengan la última palabra.

No significa que tengamos que llevar el cabello de una forma determinada. Significa que podamos elegir sin miedo a ser juzgadas y sin creer que nuestra belleza necesita la aprobación de otras personas.

Y esa libertad también implica conocer nuestro cabello.

Entender sus necesidades, descubrir qué productos funcionan para nuestras texturas, aprender a desenredarlo sin dolor ni maltrato y encontrar rutinas que se adapten a nuestra vida. No para conseguir unos rizos perfectos según los estándares de nadie, sino para disfrutar de un cabello saludable y hermoso.

Cuidar nuestro pelo no debería ser una lucha constante por “domarlo” como si se tratase de un animal salvaje. Cuidar nuestro pelo debería ser una oportunidad para conocerlo mejor, descubrir lo que necesita y disfrutar de todo lo que podemos hacer con él.

Y seamos realistas. Tampoco tenemos que amar cada detalle de nuestra apariencia todos los días. Habrá jornadas en las que nuestros rizos no queden como esperábamos, en las que no tengamos ganas de dedicarles mucho tiempo o en las que simplemente querramos hacernos otro peinado. Y eso está bien, porque la libertad también consiste en no tener que ser perfectas todo el tiempo.

Cambiar la historia empieza por cómo hablamos de nuestro pelo

Puede que no podamos borrar todas las veces que escuchamos a alguien decir «pelo malo». Tampoco podemos cambiar de un día para otro los prejuicios que siguen presentes en nuestra sociedad cubana. Pero sí podemos empezar por algo que tenemos muy cerca: las palabras que nosotras mismas utilizamos y las ideas que transmitimos.

Podemos dejar de decirles a nuestras niñas que su cabello es difícil por naturaleza, que nacieron con una pasa dura, que su pelo necesita estirarse…. En cambio, podemos enseñarles que en el mundo existen diferentes tipos de cabellos, como mismo existen diferentes colores, diferentes aromas, y eso no significa que unos sean mejores que otros, sino simplemente que son distintos con sus propias características y necesidades.

Podemos cuestionar esos comentarios que parecen inofensivos y preguntarnos por qué seguimos asociando la belleza a una textura determinada.

Podemos compartir nuestras experiencias, aprender unas de otras y crear espacios donde ninguna tenga que sentirse menos hermosa por llevar su cabello tal como es.

Podemos acompañarnos sin juzgarnos, compartir lo que hemos aprendido y defender el derecho de cada mujer a decidir sobre su propio cuerpo y su propia imagen.

Porque cambiar la historia no consiste en imponer un nuevo ideal de belleza. Consiste en ampliar las posibilidades para que todas podamos sentirnos libres dentro de nuestra propia piel, tal como nosotras decidamos.

Entonces… ¿existe el pelo malo?

Después de todo lo que hemos conversado, volvemos a la pregunta con que abrimos:

¿De dónde salió eso de «pelo malo»?

La historia nos ayuda a entender de dónde vienen muchos de esos prejuicios. Nuestra experiencia cotidiana nos muestra cómo sobreviven. Y la manera en que nos relacionamos con nuestro cabello nos permite reconocer cuánto han influido en nuestra autoestima y en nuestras decisiones. Pero conocer esa historia también nos da la oportunidad de cuestionarla.

Así que la próxima vez que escuches hablar de «pelo malo», recuerda que esa expresión no describe tu cabello: reproduce una idea que aprendimos a normalizar y que podemos dejar de transmitir.

Tu cabello no necesita ser corregido para merecer respeto. No tiene que ser más liso, más largo, más suelto ni más parecido al de nadie para ser bonito. Y tú no tienes que demostrar nada para llevarlo como quieras.

En Lo Llevamos Rizo queremos seguir acompañándote en ese camino: el de conocer tu cabello, cuidarlo desde el orgullo y construir una relación sana con él que nazca de tus propias decisiones.

Porque llevarlo rizo no debería ser una obligación, una moda ni una prueba que tengas que superar. Debería ser una posibilidad, una elección, una manera de disfrutar de ti misma con toda la libertad que mereces.

Tu cabello natural siempre será un espacio de identidad, creatividad, cuidado y expresión cultural.

No existe el pelo malo. Existen prejuicios que necesitamos cuestionar y muchas formas hermosas de llevar nuestro cabello.

Cuéntanos en los comentarios: ¿alguna vez te dijeron que tenías el «pelo malo»? ¿Cómo ha cambiado tu relación con tu cabello a lo largo de los años? Nos encantará leerte y seguir construyendo esta conversación contigo.

Con cariño,
El equipo de Lo Llevamos Rizo

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